viernes, 4 de marzo de 2016

ENCUENTRO CON UN CHAMÁN EN EL CENTRO DE ASIA

Kenin Lopsan, Chamán Tuvano. Kyzyl.
Por Ikaro Valderrama

El texto que presento a continuación es el capítulo número catorce de mi libro Siberia en tus ojos (El Peregrino Ediciones. Bogotá, 2014), sin alteración alguna de la versión original. En él relato una experiencia que tuvo lugar en Kyzyl, Siberia, en 2010.

La palabra «chamán» tiene su origen en la lengua tungús, hablada por unos pocos grupos étnicos siberianos (como los evenky o los nanái), y por los manchúes al noreste de China. Desde el siglo XVII, a causa de las exploraciones rusas y europeas, académicos, investigadores o misioneros religiosos empezaron a traficar con este término, al punto de que ahora es utilizado en casi todo el mundo para designar un amplio rango de fenómenos y experiencias que no necesariamente están emparentadas.


Avvakum Petrovish —un alto representante del clero conservador ruso, exiliado a Siberia— fue uno de los primeros en usar la palabra en un texto impreso, su autobiografía de 1672. Por casualidad, Petrovish asistió a un ritual y se refirió al chamán como «vil mago» e invocador de demonios. En ese mismo periodo, viajeros europeos empezaron a introducir el término en la literatura de la época. El hecho de que ellos hubieran escogido la palabra «chamán», entre los muchos nombres siberianos que se refieren a este mediador entre el mundo físico y los mundos espirituales, hizo que se generalizara y se volviera, en cierto modo, paradigmática.
 
 
 
En Siberia, hoy en día también se usa comúnmente dicho término (con su pronunciación rusa: [sháman]), no solo en la cotidianidad sino también en los estudios etnográficos. Los chamanes a quienes conocí —la mayoría de Buriatia, Tuvá y Mongolia— también se han acostumbrado a usar esta palabra para referirse a su propio oficio. Sin embargo, es claro que ellos prefieren las expresiones de su lengua nativa, entre otras razones porque estas conservan el sentido originario y mucho más preciso. Así, el abuelo Bagdó Tzaarín, quien vive a las afueras de Ulan-Udé (República Buriatia), me explicó que en buriato y mongol se usa el término böö —cuya traducción es «el que canta»— para referirse, entre otras cosas, a la persona capaz de entrar en estados particulares de trance a partir de la voz. Mientras que en tuvano y altaico el término es kham, o kham kiyi, «la persona que sabe». 



Chamanes tuvanos. Libro de Kenin Lopsan.

De cualquier manera, pese a las persecuciones que han sufrido estos hombres y mujeres de conocimiento desde el siglo XVII, pasando por los asesinatos masivos y toda la propaganda comunista para desmeritar su trabajo, actualmente el chamán sigue siendo una figura reconocida y respetada en las sociedades de varias repúblicas siberianas. Con el tiempo, incluso algunos rusos han empezado a consultar a los chamanes, especialmente para solucionar problemas de alcoholismo, principal causa de muerte en ese país.

Durante mi viaje a Tuvá, justo después de que se terminara el Festival Ustuu-Huree, conocí a algunos de los kham asentados en Kyzyl, la ciudad capital. Uno de ellos, el anciano Kenin Lopsan Mongush, es descendiente de una familia tradicional de Chash-Tal; su abuela, la chamana Kuular Khandyshap, murió después de haber pasado quince años en un gulag soviético. Lopsan estudió filología en San Petesburgo y en tiempos del comunismo fue un gran defensor de las tradiciones de su pueblo. Ha escrito varias novelas, libros de poemas y algunos de los textos más importantes sobre el chamanismo y las tradiciones tuvanas.También ha recopilado historias de la tradición oral contadas por chamanes, pastores, poetas y diversas personas de la región.

A sus 86 años, cuando lo conocí, aún pasaba la mayor parte del tiempo en una especie de oficina ubicada no lejos del centro de Kyzyl.Yo llegué solo, siguiendo las instrucciones que me dio Chechena Dongchak, una joven que trabajaba en el Museo Nacional. Tuve que esperar un rato pues él estaba atendiendo a una paciente. Cuando entré vi cómo guardaba varias piedritas blancas en una bolsa de cuero. Mucho después supe que dichas piedras son utilizadas como método de adivinación en varios lugares de Siberia, desde tiempos ancestrales. Son cuarenta y un piedras que deben recogerse siguiendo un proceso bastante específico. Las que él estaba guardando eran todas de un color perlado y bastante simétricas.

Kenin Lopsan (centro)
junto a  Ikaro Valderrama (izq.), y a a un
chamán ciego (der.) en Kyzyl, 2010.
 
Antes de ir a visitar a Kenin Lopsan me habían advertido sobre su carácter huraño. La gente suspiraba y me decía: «Lopsan es una persona difícil». Yo pude comprobar esto cuando, tras guardar sus piedras en la bolsa, lo primero que hizo fue regañarme por no haber ido antes a visitarlo. Insistió en que según la tradición lo primero es ir a saludar a los más ancianos. Después me regañó por haber ido sin un acompañante nativo, tuvano, y solo entonces me preguntó el motivo de mi visita. En realidad yo no tenía un motivo concreto, pero de manera instintiva le dije que estaba considerando la posibilidad de traducir uno de sus libros, Chamanes tuvanos, al español. Si no recuerdo mal fue en ese momento cuando me pidió una tarjeta de presentación. Yo no suelo cargar tarjetas de presentación y, como ya dije, la idea de una posible traducción surgió espontáneamente, más como un pretexto para crear el vínculo. Las explicaciones no valieron de nada; me dijo que sin tarjeta de presentación no podría atenderme; es más, tomó una tarjeta de encima de su escritorio y afirmó: “esta es mi tarjeta de presentación, no voy a dártela hasta que no traigas la tuya”…Yo estaba desconcertado por el trato infantil que me estaba dando una de las eminencias del chamanismo siberiano. También me preguntó por qué, si estaba tan interesado en su obra, no había llevado ninguno de sus libros conmigo. Me dijo que volviera al otro día con la tarjeta de presentación y con sus libros. Debo admitir que yo estaba confundido; para rematar, antes de irme me pidió que extendiera ambas manos con las palmas abiertas y de una manera muy ceremonial me entregó un par de chocolates rusos… Salí de aquel lugar con ideas contradictorias sobre Kenin Lopsan, quien se me aparecía como una figura presuntuosa y al mismo tiempo sugerente, enigmática.
Kenin Lopsan en su consultorio, Kyzyl, Tuvá.

Atravesé la plaza principal de Kyzyl, donde varias personas hacían girar la enorme rueda de plegaria budista que se encuentra justo al frente del Teatro de Ópera y Ballet.Después entré a una tienda donde pedí un tradicional té tuvano o khan chai, preparado con leche y sal. Pensé en mi familia y por primera vez en mucho tiempo me sentí verdaderamente lejos. Recordé una canción que Paul Pena escribió en Tuvá: “Here I sit in the middle of Asia, feel like I wanna cry, I can't find a way to say what I need and why”…La nostalgia, sin embargo, no me duró mucho tiempo. Me comí uno de los chocolates que tenía en el bolsillo y entonces decidí que yo mismo haría unas improvisadas tarjetas para visitar nuevamentea Kenin Lopsan. Aún era temprano.

 Las personas interesadas en mi libro pueden consultar:
http://www.elperegrinoediciones.com/inmigrantes-iv/


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